El tercer día empezamos muy temprano, ya empezaba a ser una costumbre madrugar y salir de ruta mientras luchabamos contra los efectos del Jet Lag. Yuriko nos esperaba puntualmente en el Lobby de Hotel y poco después salíamos en autobús hacia Nara.
La primera parada en el Parque de los Ciervos Sagrados.
¡Sí!, este es un ciervo sagrado. Los encontrabas a la entrada del Templo Todaiji, acostumbrado a que los turistas les dieran de comer, eran bastante amigables.
Aunque en algunos casos se ponían bastante cabezotas si no les dabas algo:
Tras compartir unas galletas con estos amigos, entramos a ver el Templo Todaiji (Gran Buda).
En el Templo, una de las columnas principales tiene un abertura en su pie por la que sólo pueden pasar los puros de corazón. La abertura es tan pequeña que sólo pueden pasar los niños, aun así siempre hay algún extranjero atrevido que lo intenta. Al amigo Miguel casi lo tenemos que sacar por los pies. Los japoneses le dan mucho sentido este tipo de cosas, como ya os habréis dado cuenta.
La siguiente visita fue al Templo Shintoista de Kasuga. En este templo pudimos ver cientos de faroles de piedra. Según nos indicó Yuriko, se trataba de regalos de familias al templo. Es realmente llamativo la cantidad que te encuentras.
En este Templo nos encontramos una piedra reservada para que los dioses puedan bajar al mundo real. No pueden tocar directamente el suelo, así que cuando descienden, se apoyan por primera vez en alguna de estas piedras sagradas.
Otra prueba del respeto por lo sagrado que tienen los japoneses. A este Cedro Sagrado, tras la construcción del templo, le creció una rama nueva iba a atravesar el techo. Los monjes dejaron el camino libre para que esta rama creciera a traves del templo e hicieron hueco a través del edificio.
En casi todos los templos veíamos motivos acuáticos en los tejados. Ellos creen que si hay agua en el techo, no habrá incendios. En esta foto vemos un remolino de agua, en otros un pescado, etc…
Este rincón del Templo Kasuga me gustó especialmente, daba la sensación de ser una zona muy usada en la vida cotidiana del templo.

























