El segundo día quedamos temprano en el lobby del Hotel (Karasuma Kyoto Hotel). La primera visita fue al Santuario Shintoísta Heian.
Antes de visitar el templo hay que purificarse, primero la mano izquierda, luego la derecha y por último la boca.
En todos los templos puedes hacer una ofrenda, a cambio puedes elegir un palo de madera que lleva un número grabado. Con ese número recojes un papel con una predicción para tu futuro. Si la predicción es buena te llevas el papel a casa para que se cumpla. Si la predicción es negativa, puedes atar el papel en el cerezo del santuario para que los dioses se la lleven y eviten que se cumpla (y todos contentos…).
Las malas predicciones se las llevan los dioses…
También puedes hacer una ofrenda y escribir tus peticiones en una tablilla.
Según nos comentaba Yuriko, en cuanto a religión, los japoneses siguen mayoritariamente dos: el Shintoísmo y el Budismo. Es una cultura acostumbrada a muchos dioses por lo que no chocan ambas religiones. Para ellos el shintoísmo está relacionado con la vida y siguen sus ritos para todos los actos relacionados con ella como los nacimientos, la mayoría de edad y el matrimonio. El budismo está relacionado con la muerte y la otra vida. Normalmente en las casas tienen un altar shintoísta en la parte alta y uno budista cerca del suelo al que sirven ofrendas para sus antepasados.
En el santuario hay un jardín japonés y pudimos ver algunos cerezos en flor.
Tuvimos la suerte de cruzarnos con unos novios que acababan de casarse e iban vestidos con las ropas tradicionales. Se estaban haciendo las fotos en el santuario.
Tras el Santuario Heian fuimos a ver el Templo Kinkakuji, conocido como el Pabellón Dorado porque las paredes están adornadas con oro.
Junto al templo hay una fuente en la que la que si lanzas una moneda y aciertas dentro, conseguirás éxito en tu vida. Los japoneses son muy supersticiosos.
La última visita de la mañana fue el Castillo de Nijo.
Este castillo tiene un curioso sistema de alarma. En toda la superficie del castillo, bajo la madera tiene unos clavos colocados de manera que cuando andas por el castillo producen un ruido similar al del canto de un ruiseñor. Este sistema alertaba si algún intruso intentaba moverse por el castillo de noche. Sencillo pero eficaz.
Las tejas grises de este castillo y de otras casas típicas están hechas de barro pero tratadas según un método chino en el que se somete al barro a una temperatura de 1100 grados, quemándolo y dándole ese color. No se trata de ningún tipo de tinte según nos contó la guía.




















































