El quinto día nos despedimos de Kyoto, abandonamos nuestras maletas que irían directamente a Tokio y seguimos nuestro viaje con ropa para dos días. Nuestro primer destino, Nagoya, y nuestro medio de transporte el tren bala (Shinkansen).
De Nagoya fuimos en autocar hasta Shirakawago a visitar este pueblo declarado Patrimonio de la humanidad y conocido por las casas tradicionales «Gassho-zukuri»:
En las plantas altas de estas casas se cultivaban gusanos de seda:
En el salón de una casa tradicional:
Después de la comida, nos dirigimos a Takayama, pueblo de maestros artesanos y conocido por sus carrozas festivas:
Según nos contó la guía, estas carrozas (Mikoshi) es donde los dioses shintoistas se montan para pasear entre las personas. Durante las fiestas de primavera y otoño. En primavera se pide por las buenas cosechas y en otoño para agradecerlas o para no enfadar más a los dioses si han sido malas.
Tras el museo de las carrozas fuimos a la calle antigua Kami-Sannomachi, allí nos encontramos un escaparate con esta armadura que al parecer era de un médico ninja.
En esa misma calle había fábricas de sake que también vendían al público:
Esa noche pudimos disfrutar de unos baños en aguas termales. Son muy típicos en japón, en este caso tenían tres áreas de aguas, una a 35º y dos a 40º , una de ellas en el exterior. Además contaba con un jacuzzi. Fue un momento muy especial, una noche fría, con 3 o 4 grados, pero podías estar en el agua viendo las estrellas relajadamente.
Tras el baño, nos esperaba una habitación de estilo japonés:

























































